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Proyecto de investigación estudiará los terremotos generados por fallas geológicas en Chile

“Si bien en los últimos 20 años hemos avanzado en el conocimiento de las fallas geológicas activas existentes en el país, aún existen interrogantes fundamentales. Por ejemplo, saber las tasas de movimiento, cuál sería el terremoto máximo esperado o las características mecánicas que las hacen susceptibles de moverse”, dice Gabriel González, académico UCN, subdirector de CIGIDEN y líder del equipo de geólogos que componen el proyecto como Erik Jensen, Mahesh Shrivastava, Paulina Rivera y Yerko González

Comprender en detalle la generación de terremotos en fallas corticales en el país, permitirá crear una estructura de información que sirva para generar medidas de mitigación y estar mejor preparados para futuros eventos telúricos. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

El foco desde donde se irradia la energía –hipocentro– de un terremoto generado por una falla geológica activa, es más somero, es decir, está a poca profundidad por lo que su impacto en los poblados cercanos es más grande. Incluso más intenso que los sismos generados entre las placas tectónicas de Sudamericana y Nazca, que conocemos como de subducción y que son los más comunes de Chile, cuya profundidad y distancia a los centros urbanos supera los 100 kilómetros.

Esta es la razón, por la que un grupo de expertos del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo Desastre, CIGIDEN y geólogos de la Universidad Católica de Norte, a través de un proyecto FONDECYT, están estudiando los terremotos en Chile generados, específicamente por fallas geológicas activas, uno de los objetos menos investigados en el país.

“Si bien en los últimos 20 años hemos avanzado en el conocimiento de las fallas geológicas activas existentes en el país, aún existen interrogantes fundamentales. Por ejemplo, saber las tasas de movimiento, cuál sería el terremoto máximo esperado o las características mecánicas que las hacen susceptibles de moverse”, dice Gabriel González, académico UCN, subdirector de CIGIDEN y líder del equipo de geólogos que componen el proyecto como Erik Jensen, Mahesh Shrivastava, Paulina Rivera y Yerko González.

Fallas como amenazas A pesar de que sabemos que existen un gran número de fallas en el norte, centro y sur del país, por medio de cartografías realizadas por distintos grupos de investigación tanto chilenos como extranjeros, el grupo de geólogos asegura que aún estamos en una fase de caracterización muy general. “No conocemos el comportamiento sismogénico de todas esas fallas, por lo tanto, no se sabe si todas están activas, si son capaces de producir terremotos y de qué magnitud”, advierte el académico de la Universidad Católica del Norte.

Una falla geológica es una fuente de riesgo, complementa Gabriel González, si se encuentra ubicada cerca de localidades pobladas y/o infraestructura crítica. Esto por una razón muy simple: el foco de terremotos generados en estas fallas está ubicado por lo general a baja profundidad y, por lo tanto, la fuente de la aceleración sísmica está muy cerca de la superficie. Esto provoca daños importantes en la infraestructura crítica y pone en riesgo la vida de las personas.

De acuerdo a los investigadores, existen protocolos internacionales de cuándo considerar una falla activa y es ampliamente aceptado que una falla debe considerarse activa si ha tenido movimientos en los últimos once mil años. “No obstante la experiencia ha demostrado que algunas fallas han pasado por un periodo de quietud tectónica más largo que ese tiempo y han despertado súbitamente de un largo silencio sísmico y la razón de que ocurra esto es absolutamente desconocida”, advierte Gabriel González.

Potencial destructivo Para la investigación de terremotos de origen de fallas geológicas, es necesario combinar una serie de estudios interdisciplinarios que incluyen estudios paleosismológicos, monitoreo instrumental, incluyendo como GPS, sismógrafos, estaciones láser, interferometría de radar entre otros.

El grupo de geólogos, indica que el potencial destructivo de los terremotos generados por fallas, ya es conocido debido a desastres ocurridos en otros países, como en la ciudad de Katmandú Nepal (2015), de magnitud 7.8 y el de Kobe en Japón (1995), de 6.9 Mw, con hipocentro a 12 km y 15 kilómetros de profundidad, respectivamente.

“Comprender con el máximo detalle la actividad de las llamadas fallas corticales y los terremotos originados en ellas, permitirá generar insumos y construir una estructura de información que sirva para generar medidas de mitigación y estar mejor preparados para futuros eventos”, concluye el geólogo de la UCN.

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