Internacionales

A 48 horas…

Hace varios meses mencioné que el período electoral en cualquier país se suele caracterizar por ser lo que los anglosajones llaman una silly season (“temporada tonta”). Y, como hemos visto en los medios, debates y redes sociales, ha sido una de las “temporadas tontas” más exacerbadas de las últimas décadas. Pero, peor que eso, el nivel de agresión, la falta de decencia en diferentes escenarios y los ataques personales han sido abrumadores. La mayoría de los candidatos ha recurrido a tácticas y estrategias que avergonzarían incluso a los youtubers e influencers más odiosos y de bajos estándares. No obstante, como siempre me decían mis padres mientras crecía, “es tu elección: puedes ser parte del problema o parte de la solución”. En ese sentido, me gustaría dejar dos pensamientos personales con respecto a las elecciones y el nuevo período presidencial que comenzará en agosto

Primero, es imperativo que todos entendamos que el futuro está en nuestras manos. No solo porque tenemos el privilegio y el deber de votar, en plena conciencia, para elegir el nuevo presidente de Colombia dentro de 48 horas. Tanto o más importante es lo que hagamos como ciudadanos después de eso. Me atrevería a decir que el resultado de las elecciones de este domingo será casi irrelevante si lo comparamos con la responsabilidad que tendremos como individuos, organizaciones y sociedad en lo que suceda durante los próximos cuatro años. Pero esto comienza por aceptar los resultados de las elecciones y enfrentar este nuevo período con la tolerancia, el espíritu y la energía suficientes que nos permitan tener un papel activo, para que, sea quien sea electo, se respete el debido proceso y el país pueda enfrentar el futuro con esperanza y la sensación de que las estructuras democráticas se mantienen intactas: “la intolerancia es en sí misma una forma de violencia y un obstáculo para un verdadero espíritu democrático” (Mahatma Gandhi)

En segundo lugar, un tema muy cercano a mí tanto personal como profesionalmente. Ninguno de los candidatos ha presentado una propuesta sólida en materia de ciencia, tecnología e innovación (CT+i). Inversión, incentivos, objetivos… áreas de dominio, talento, estrategias y programas… nada más que comentarios generalistas y falta de profundidad. La CT+i, como bien lo sabemos, es un medio, no un fin. Pero los datos y evidencias de décadas para acá demuestran que los países más desarrollados en el mundo tienen apuestas fuertes y de largo plazo como factor de competitividad y de generación de riqueza. Es muy preocupante la falta de propuestas de los candidatos para que estas temáticas se vuelvan un pilar fundamental del desarrollo social y económico. Esperemos que el nuevo presidente tenga la sabiduría de rodearse de personas que entiendan la importancia y urgencia de colocar la CT+i al servicio del nuevo plan nacional de desarrollo, con impacto en los territorios y la competitividad nacional. La transformación que buscamos como país depende enormemente de eso