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Wilson Ferreira y un regreso que jalonó la historia

El libro ya está a la venta.  Se puede adquirir a través de internet (https://www.clubelpais.com.uy/coleccionables/memorias-del-regreso-la-vuelta-de-wilson-ferreira-al-uruguay /), por el teléfono 29004141 o solicitándoselo a su “canillita”

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El 16 de junio de 1984 quien escribe esta nota tenía 11 años. De aquel día, en el que regresaba del exilio Wilson Ferreira Aldunate , mantengo dos vívidos recuerdos. El primero es de cuando caminé por Bulevar Artigas hacia la casa de mi abuela, en Punta Carretas, y vi a un lado del Club de Golf una fila de tanquetas de guerra. No sabía que existían. Y jamás las volví a ver, tal vez porque eran los estertores de la dictadura, o porque se pusieron obsoletas. El segundo es de cuando el caudillo blanco pisó el puerto y fue detenido. Como muchos miles de uruguayos, seguí la transmisión de ese hecho histórico a través de la televisión, que hacía pocos años había estrenado el color. Me quedó grabado a fuego el minuto en el que Ferreira se dio vuelta, miró a la multitud y alzó sus manos haciendo la “V” de la victoria. Fue un momento cúlmine, que inmortalizó una de las postales más icónicas que existen del fin de la dictadura y el retorno a la democracia.

Los movimientos militares de aquél día, lo supe después, eran visibles en varios barrios de la ciudad, pero obviamente las miradas estaban puestas en el puerto, por el arribo del Mar del Plata II , un barco proveniente de Buenos Aires, popularmente conocido como El Vapor de la Carrera . Buena parte de la armada uruguaya de guerra rodeaba a la distancia al buque de pasajeros. “Me dio tristeza por el Uruguay. ¡Qué falta de mesura y hasta de elegancia de parte de un gobierno! ¡Hacer todo ese despliegue militar contra un dirigente político que volvía a su país con su mujer, sus hijos, sus nietas, y un grupo de seguidores políticos, todos desarmados!”, dice Juan Martín Posadas, autor del libro Memorias del Regreso. La vuelta de Wilson Ferreira al Uruguay.

El exsenador y exsacerdote uruguayo era unos de los pasajeros del Mar del Plata II, en el que viajaban correligionarios y amigos de Ferreira como Gustavo Borsari, Germán Araújo, José Claudio Williman, Alberto Volonté, Jorge Machiñena, Gonzalo Aguirre, Walter Santoro, Ana Lía Piñeyrúa, Pablo García Pintos, Carlos Julio Pereyra, Wilson Elso Goñi, Alem García y Matilde Rodríguez Larreta. También estaban el escritor Enrique Estrázulas, el cantante Pablo Estramín y los periodistas Walter “Serrano” Abella, Aníbal Steffen y Hugo Modino.

Con los años, muchos aseguraron haber venido en ese barco. Algunos porque efectivamente lo hicieron, otros por querer ser parte de la leyenda. “Siempre hay un poco de folclore. Y la gente se da dique. Si usted va a una charla de boliche y dice eso, termina siendo Gardel”, comenta el autor del libro entre risas.

Memorias del regreso La vuelta de Wilson Ferreira al Uruguay se publicó por primera vez en 1993 por Editorial Fin de Siglo y acaba de ser reeditado por El País, al conmemorarse un nuevo aniversario de aquel hecho histórico. Hoy será presentado, a las 19 horas, en el Palacio Legislativo .

“Mi idea con sacar el libro en estos momentos es revalorizar el entusiasmo ciudadano que existía en ese tiempo en el que se salía de un período oscuro. Hoy estamos en un momento similar, después de dos años de una pandemia que afectó al mundo en todos los órdenes y que afortunadamente fue abordada de un modo ejemplar por Uruguay, dice Posadas .

Volver para caer preso Wilson Ferreira sabía que al regresar a su patria sería detenido por los militares. Y proscrito para que no participara en la elección nacional que supondría el retorno a la democracia. El líder blanco y su comitiva embarcaron el 15 de junio, al caer la tarde. Para ese entonces Puerto Madero estaba colmado de banderas y de euforia. “No éramos solamente los que viajábamos (un par de cientos, no sé cuántos), sino los uruguayos de Buenos Aires que se habían arrimado a despedir a quien volvía al paisito de donde ellos habían tenido que partir. Tuvimos que esperar un rato, pues se habían atrasado los que traían a quien había sido siempre el más puntual en todo, el profesor Pivel Devoto”, recuerda Posadas. Cuando subió por la planchada la figura menuda de aquél hombre de letras, coronada por su infaltable sombrero gris, el barco se empezó a separar del muelle. Opina y recuerda el escritor: “Las despedidas en un puerto, donde todo movimiento es lento y el agua es un símbolo, son mucho más impresionantes que en un aeropuerto o en una estación de ferrocarril. Aquella fue conmovedora”.

La muchedumbre saludaba, vivaba a Uruguay, gritaba el nombre Wilson mientas el Mar del Plata II comenzaba a moverse pesadamente, separándose del muelle y luego por el canal paralelo al amarradero. “La multitud salió del recinto de embarque y comenzó a caminar a lo largo de la dársena, y después a correr, con sus pañuelos, sus banderas, sus gritos, los faros de los autos haciendo guiñadas, hasta que el adoquinado de la dársena se les acabó. El bullicio bajo las luces de mercurio del puerto se fue haciendo más tenue y el negro del agua cada vez más ancho. Los uruguayos estábamos a bordo apretujados contra las barandillas y apretujados por dentro”, dice Posadas.

El libro ya está a la venta.  Se puede adquirir a través de internet (https://www.clubelpais.com.uy/coleccionables/memorias-del-regreso-la-vuelta-de-wilson-ferreira-al-uruguay /), por el teléfono 29004141 o solicitándoselo a su “canillita”.

El libro Memorias del Regreso. La vuelta de Wilson Ferreira al Uruguay La noche pasó sin sueño y el día siguiente amaneció con una niebla alta, que tapaba el sol pero dejaba ver el río, liso como un espejo, en una calma que solo alteraba la estela del barco desplazándose lentamente, cambiando de rumbo, a veces deteniéndose, como con miedo de llegar a destino. Aquellas almas, y aquel líder político, nervioso seguramente por la suerte que correría, no sospechaba lo que le aguardaba en Montevideo: su llegada había movilizado a todo un país. Quizás Ferreira tampoco alcanzó a dimensionar, en los años siguientes, el valor de aquel regreso, o el de su encendida y valerosa despedida del Parlamento muchos años antes, hechos que elevaron el espíritu democrático de los uruguayos y fortalecieron a la clase política. Y que a la postre, lograron poner fin a la dictadura militar.