Política

Gacetillas de Prensa | Tres líderes irresponsables

Son tres personas que deberían liderar con el ejemplo y que no están a la altura de la enorme emergencia sanitaria que vivimos. Este trance ha concedido a los presidentes de nuestros países un poder superior al que tienen en temporadas normales de democracia.

Frente a una amenaza de magnitudes desconocidas, la gente tiende a obedecerlos, postergando las objeciones. En ese sentido, la mesura transmitida hasta ahora por los responsables de gestionar la crisis en nuestro país, ha generado un ambiente de confianza que debe mantenerse con las medidas económicas que hagan sostenible el sacrificio. Lo señalo porque, como se ve, eso no ocurre en todos lados

En medio de los inéditos esfuerzos realizados por los gobiernos del continente para enfrentar la pandemia, resaltan las voces disonantes de tres de sus líderes que van a contramano de la opinión científica. Los derechistas Donald Trump y Jair Bolsonaro y el izquierdista Manuel López Obrador comparten personalidades egocéntricas, ciertos rasgos populistas y una peligrosa autosuficiencia.

Cuando el coronavirus irrumpió en Estados Unidos, Trump predijo que la amenaza desaparecería y sin ningún respaldo objetivo aseguró que el número de casos “está bajando mucho, no subiendo”.

También Bolsonaro minimizó la epidemia, calificándola como “una fantasía propagada por los medios”. Sostuvo que una gripe sin importancia no merecía medidas “histéricas”. López Obrador, por su parte, hasta hace unos días instaba a la población a seguir concurriendo a restaurantes, al tiempo de mostrar un amuleto que lo protegería de todo mal.

Mientras expertos de todo el mundo recomendaban el aislamiento, estos tres presidentes se regodeaban en baños de masas en los que abrazaban a simpatizantes y besaban niños. Los tres actuaron como si estuvieran más allá de la ciencia, como si no fuera urgente tomar decisiones, como si el virus no existiera.

Lo malo es que el virus sí existe y le importa bien poco la fanfarronería de estos irresponsables. Estados Unidos se convirtió en el epicentro mundial de la epidemia con cerca de 85.000 contagios, superando ya a China e Italia. Después de semanas de no haber hecho nada, los norteamericanos observan incrédulos como colapsan los hospitales neoyorquinos y casi la mitad de la población se refugia en una tardía cuarentena.

Brasil ha superado los 3.000 casos y es de lejos, el país con más contagios de Sudamérica, con el agravante de tener un sistema de salud mal equipado frente a un crecimiento incontenible.

Bolsonaro comprueba ahora algo imposible hasta solo días atrás: Su vicepresidente, el general Hamilton Mourão, gobernadores, alcaldes y una parte de la cúpula militar toman distancia de su conducta. De hecho, el 80% de los brasileños apoya el confinamiento, medida resistida por el presidente. De ser favorito a la reelección, hoy es repudiado en las ciudades al ruido de cacerolazos.

En México ya hay casos en todos los estados y la popularidad de López Obrador, que tenía índices de aprobación del 80% hace un año, ha caído ahora por debajo del 50% en algunas encuestas.

Son tres personas que deberían liderar con el ejemplo y que no están a la altura de la enorme emergencia sanitaria que vivimos. Este trance ha concedido a los presidentes de nuestros países un poder superior al que tienen en temporadas normales de democracia.

Frente a una amenaza de magnitudes desconocidas, la gente tiende a obedecerlos, postergando las objeciones. En ese sentido, la mesura transmitida hasta ahora por los responsables de gestionar la crisis en nuestro país, ha generado un ambiente de confianza que debe mantenerse con las medidas económicas que hagan sostenible el sacrificio. Lo señalo porque, como se ve, eso no ocurre en todos lados.